En el desarrollo de nuestras vidas vamos experimentando un continuo de pérdidas y separaciones hasta la última, y probablemente la que más temor nos produce, la muerte, la propia y la de nuestros seres queridos.
Si miramos atrás, nuestro nacimiento fue nuestra primera separación dolorosa.
Posiblemente la elaboración de estas pérdidas sea un tema central en nuestras vidas.
Estas separaciones que vamos viviendo, aparte de recordarnos que ningún vínculo es para siempre, nos van preparando para el último adiós.
Como humanos, las perdidas nos duelen, por lo que cada una de ellas, conllevará un duelo.
La forma en cómo vivimos el duelo, está relacionada en cómo manejamos la muerte en nuestra sociedad, por ello, cada vez más, existe una presión para que se oculte y se aísle, rechazándolo del mundo público.
La pérdida
Se produce cuando, por diferentes causas, nos vemos obligados a renunciar a la presencia de algo en nuestras vidas.
En el transcurso de nuestra biografía, se van produciendo muchísimos cambios, que suponen aceptar la pérdida de algo y la aceptación de una nueva realidad.
Tipos de pérdidas
Al producirse en cualquier ámbito de nuestras vidas, existen muchos tipos de pérdidas. Os enumero algunas de ellas.
La muerte o pérdida de la vida.
Es la más radical de todas por su carácter irreversible y por la pérdida total que se produce.
En este tipo, no solo incluimos la muerte de otros, incluimos también la pérdida de la propia vida, como por ejemplo, cuando la persona sufre una enfermedad terminal enfrentándose a su propio final.
Aspectos de uno mismo
Cuando perdemos aspectos tanto físicos: partes de nuestro cuerpo, capacidades sensoriales, cognitivas, motoras. Como psicológicos: valores, ideales, autoestima, ilusiones,…
Objetos externos
Pérdidas materiales como por ejemplo cuando perdemos un trabajo, cambiamos nuestro lugar de residencia, pérdidas económicas, o de pertenencias y objetos.
Afectivas
Se refiere a pérdidas emocionales como por ejemplo rupturas de pareja, malos entendidos con amigos y/o familiares, etc.
Ciclo vital
Perdidas ligadas con nuestro desarrollo, como por ejemplo el paso por los distintos períodos, infancia, adolescencia, juventud, menopausia, vejez, etc.
El cómo se producen también nos afecta
Otro factor que incide en nuestro duelo, determinando la aparición de unas emociones u otras, es el cómo se ha producido la perdida.
Os indico una posible clasificación:
Pérdida repentina
Se produce de manera inesperada, no hay tiempo de prepararnos para ella.
Probablemente sea una de las más traumáticas.
Por ejemplo, una muerte por accidente o por un repentino ataque al corazón, una separación de pareja imprevista, etc.
Suelen dejar un gran vacío provocando una falta de confianza en la vida, pueden predominar sensaciones de profunda inseguridad y sentimientos de vulnerabilidad frente a la “crueldad de la vida”
Pérdida esperada
Se trata de una “muerte anunciada”, sabemos que la pérdida se va a producir después de un tiempo.
Por ejemplo, largo proceso de enfermedad de un familiar.
Este hecho nos ha permitido ir preparándonos para la muerte de nuestro ser querido, y hemos tenido la oportunidad de cuidarlo y despedirnos, lo que nos proporciona un consuelo que en la pérdida repentina no tenemos.
Otro ejemplo sería la esperada jubilación. Tras desear durante mucho tiempo que llegue el día que dejemos de ir a trabajar, en muchas ocasiones, cuando llega este anhelado momento, se entra en un profundo duelo.
Pérdida múltiple
Se producen varias pérdidas a la vez, y el dolor de una, se suma al de la otra, acentuándolo.
Por ejemplo, cuando al separarnos de nuestra pareja, nos vemos obligados a cambiar de residencia, y no solo nos tenemos que acostumbrar a la soledad, también a nuestro nuevo hogar, barrio, etc.
Quizá la persona se sienta débil, con la sensación de que el suelo donde pisa se mueve y no tiene dónde agarrarse. Mire donde mire solo ve ausencia.
Pérdida deseada
Hay un deseo que la situación acabe, existen factores que alteran y dificultan el día a día.
Por ejemplo, cuando deseas que una persona en estado vegetal, que lleva años postrada en una cama, inconsciente de lo que pasa a su alrededor, fallezca.
Cuando la pérdida se produce, es probable que aparezcan remordimientos y sentimientos de culpabilidad.
Pérdida no autorizada
Es socialmente rechazada. Avergüenza y se vive como ridícula, y es por ello que quien la sufre se siente en la obligación de ocultarla.
Las causas que producen esta desautorización pueden ser diversas:
- En la sociedad, no se la reconoce como a una perdida: abortos, abusos, mascotas que mueren o se extravían…
- La relación no es reconocida socialmente: amantes, homosexualidad que se esconde,…
- El tipo de muerte no es reconocido: suicidios, enfermedades estigmatizadas como el SIDA en su momento,…
En este tipo de pérdidas, al no poder hablar de ellas, difícilmente se pueden elaborar.
Reflexión
Añadir la pérdida a la ya difícil naturaleza de la pandemia, que ha despertado ansiedades sobre la salud, la estabilidad económica y un futuro incierto, puede hacer que la vida se sienta francamente ingobernable.

Cristina Nevado


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