A lo largo de nuestra historia como humanos, las visiones entorno a la muerte siempre han sido de lo más diversas dando lugar a diferentes cosmovisiones en nuestras sociedades.
No siempre la hemos vivido como en estos momentos, hubo un tiempo pasado en que ya fuese mediante rituales o por medio de la religión se nos preparaba para afrontar este paso inevitable.
Durante muchísimos años y no sin miedo y respeto fue incluida en nuestras vidas. Nos relacionábamos con ella, la mirábamos de frente.
Fue a partir del siglo XVII cuando se produjeron pequeños cambios en nuestra sociedad que dieron como resultado la pérdida de esta relación que teníamos con ella. Dejó de formar parte del entorno y experiencias del día a día, ya no era “bien visto” hablar de ella y tampoco nombrarla.
Su negación continúa muy vigente en nuestros tiempos y todos experimentamos sus causas y efectos.
La Muerte
Somos el único ser vivo consciente de la muerte y de que vamos a morir.
Es un fenómeno multidimensional, natural, universal e irreversible.
Forma parte del ciclo de la vida, del mismo modo que un día nacemos, un día moriremos, y nos guste o no, la miremos de frente o no lo hagamos, está tan presente como la vida, es nuestro destino más cierto.
La muerte y la vida son dos caras de una misma moneda
¿Cómo la negamos?
Estamos ocultando el acontecimiento más natural, aquel que nos recuerda nuestra naturaleza finita, que somos mortales.
Es el tabú de nuestros días; es difícil hablar de ella, se oculta y no se muestra. No hablamos ni de la propia, ni de la de los demás y aún menos de prepararnos para ella.
Un misterio que en sociedades como la nuestra significa la nada y en otras el todo.
Creencias, comportamientos y actitudes
En la sociedad en la que vivimos, valoramos por encima de cualquier otra cosa, lo siguiente:
La Juventud
Queremos que nuestro aspecto no envejezca, parecer eternamente jóvenes, rechazando el paso natural del tiempo y del impacto que este tiene en nuestros cuerpos.
La Vitalidad
Si cuidamos lo que comemos y hacemos ejercicio existe la creencia de que morir es algo inaceptable. Que llevando una vida sana podemos esquivarla y retrasar el final.
Esta obsesión por prolongar la vida hace que cuando alguien joven fallece sea observado con sospecha, como si fuese culpable por no haberse cuidado como debía.
Sobre la vida hablamos mucho, pero, sobre la muerte poco o nada, es de “mal gusto” hablar de ella.
Sensación de Invulnerabilidad
Nos molesta y no tiene cabida, nos creemos capaces de dar una solución a todos nuestros problemas, de prever las catástrofes naturales, de evitar la enfermedad y el sufrimiento e incluso nos creemos con la capacidad de desprogramarla….
Nos creemos superiores por nuestro intelecto e inteligencia, y cuando nuestra razón y conocimiento científico fracasan ante ella, sufrimos.
Sufrimos al no admitir que antes que una derrota de la medicina es una consecuencia de la vida.
Capaces de explorar el espacio, de descifrar el genoma humano y de la reprogramación celular, sufrimos cuando comprobamos que moriremos igual que lo hacían nuestros ancestros más primitivos.
A través de las películas y de los videojuegos la intentamos esconder o vulgarizar y hacemos de ella un espectáculo mostrando con sadismo a personas cruelmente golpeadas, despedazadas y asesinadas.
La creencia de que son las personas mayores las que tienen que morir también nos hace sufrir. La realidad es que todos los días fallecen neonatos, bebes, niños, jóvenes, adultos. Es nuestro destino y no sabemos en qué momento y como se presentará.
Tenemos la creencia de que la vida debe ser justa y esto nos hace sufrir. La realidad es que la vida no es justa, no existen pactos ni negociaciones con ella, a cada uno de nosotros nos llegará a nuestro tiempo.
En las sociedades modernas la vivimos como un hecho traumático, como algo inhumano y cruel, como a un fenómeno completamente desnaturalizado.
Observamos como ya desde pequeños cuando un familiar fallece, los niños son apartados de ese momento, los dejamos fuera de los rituales de despedida y en ocasiones ni les explicamos en que consiste la muerte. A raíz de estos comportamientos desde pequeños aprendemos que cuando hay muerte hay silencio, y que se trata de un fenómeno anómalo, creciendo con el sentimiento de que es un fracaso vital en vez de una consecuencia natural.
Tiempo atrás era algo visible y social, ocurría en nuestros hogares rodeados de nuestros seres queridos.
Hoy en día ya no hay lugar para eso, hemos pasado a una muerte fría que ocurre lejos de nosotros, en las urgencias de un hospital o en las unidades de cuidados paliativos.
El resultado de estas actitudes, creencias y comportamientos es que cuando llegue el momento de afrontar nuestra propia muerte habrá más gente aterrada.
La muerte; el destino que los hombres sabios dedican toda su vida a aceptar.
Emociones tras la negación
Es una realidad que nos cuesta asumir y que hemos desterrado de nuestras vidas tan solo mirando hacia otro lado, se ha convertido en un tema tabú por no enfrentarnos al hecho de que:
- No la podemos controlar y eso nos crea inseguridad
- Es un misterio y nos genera incomprensión y miedo
- Nos devuelve a nuestra naturaleza finita y eso nos hace sentir vulnerables
- Nos pone en contacto con el vacío y la soledad
- Conlleva dolor
Aceptar la muerte
Cuanto más seamos conscientes de nuestra propia muerte, mirándola a la cara, trabajándonos su aceptación y normalización. Dejando espacio a las verdaderas emociones que hay tras ella, podremos aprender a vivirla sin ansiedad.
No se trata de temerla, sino de apreciar más la vida, que el hecho de aceptarla nos sirva para disfrutar más el tiempo que tenemos ahora.
Muchos de nosotros malgastamos nuestro tiempo como si este fuera ilimitado. Dejamos cosas que hacer para el mañana como si no fuera con nosotros y vayamos a vivir para siempre.
Nos hacemos daño a nosotros mismos descuidando nuestro cuerpo, mal comiendo, drogándonos, excediéndonos con el alcohol, mal alimentándonos.
Como si nuestro cuerpo vaya a estar siempre a nuestra disposición, y que vaya a estar siempre joven y resistente, que nuestro cuerpo nunca va a enfermar ni a envejecer, que podemos usarlo y hacer con él lo que nos de la gana.
De igual modo no cuidamos de nuestras emociones buscando la evitación de contactar con el dolor, la tristeza, la rabia, la impotencia, miramos a otro lado, nos boicoteamos y nos hacemos daño a nosotros mismos.
Nos acordamos de hacer algo cuando nos sucede algo malo, y muchas veces cuando llega ese momento ya no nos queda tiempo.
¿Qué nos aportará el familiarizarnos con la muerte?
- Aprenderemos a priorizar lo importante, a dar el protagonismo a lo que verdaderamente nos merezca la pena.
- A disfrutar del tiempo con nuestros seres queridos.
- Nuestra conciencia se expandirá y creceremos como personas.
Solo cuando realmente sabemos y entendemos que tenemos un tiempo limitado en la tierra, y que no tenemos manera de saber cuándo se acaba nuestro tiempo, entonces comenzaremos a vivir cada día al máximo, como si fuera el único que tenemos.
Elisabeth Kubler-Ross
Quizá si dejamos de evadirla o ignorarla y hacemos por aceptar nuestra naturaleza finita encontremos un extraordinario camino para aprender a vivir la vida dándole más sentido a nuestro aquí y ahora.

Cristina Nevado


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