FAQ

preguntas frecuentes

¿Por qué hay que pasar por el duelo?

Todas las pérdidas producen dolor, una tristeza que la sociedad niega porque así, pensamos, evitamos su duelo. Pero no es así, pues aún ocultándola, la herida de la pérdida no cicatrizará hasta que no la cuidemos y comprendamos.

El dolor de la muerte es devastador y nos rompe. Pero me gustaría hacer énfasis en que el vacío al que nos acerca la pérdida está, en realidad, lleno de significado.

El duelo representa el mayor reto de nuestra vida: afrontar la experiencia de separarnos de manera irreversible de alguien esencial en nuestra vida.

El duelo es el proceso de curación. Transitar el sufrimiento aporta aprendizajes, enseñanzas de vida y nos ofrece la posibilidad de trascender y de tomar consciencia de nuestra misión aquí.

Puede ser atendido o quedar pendiente, pero en cualquier caso elaborar el duelo es algo doloroso por lo que hay que pasar y que necesita ser resuelto en algún momento, antes o después.

  • Acostumbrarse a la ausencia, aceptarla y reconocerla nos permite poder elaborar una reflexión profunda que nos conduce a hacer los reajustes emocionales y de reconciliación con la vida que necesitamos para empezar a sentir algo de paz.
  • El duelo ofrece un espacio y un tiempo para prestar atención a todo lo que la pérdida irreversible y definitiva nos quiere enseñar y decir. Por eso no es de extrañar que, en muchas ocasiones, el duelo derive en una transformación y crecimiento personal.
¿Cómo es un proceso de duelo? ¿Son todos iguales?
  • Todos los procesos de duelo son individuales, ninguno se parece a otro, y la duración nunca es la misma para todos.
  • Hay factores que pueden influir en que un proceso de duelo se elabore naturalmente o derive en complicaciones para asumir la pérdida que, si no son resueltas, pueden condicionar la vida en adelante.
    Algunos condicionantes del tiempo e intensidad del duelo:
    • Naturaleza de la muerte (natural, esperada, traumática, imprevista…)
    • La edad del doliente (niñez, adolescencia…)
    • El parentesco y la relación con el fallecido (familiar directo, amistad…) y el tipo de influencia que ejercía (autoridad, cariño…)
    • La personalidad y la salud emocional y física del doliente para afrontar el duelo (persona dependiente del fallecido, tener signos de depresión…)
    • Las creencias religiosas del doliente (predisposición o no a aceptar la pérdida…).
Signos indicativos de estar entrando en un proceso de duelo
  • Lloras de modo espontáneo, constantemente y sin saber porqué.
  • Estás en un estado permanente de soledad y de aislamiento.
  • Evitas lugares y la compañía de personas. Has perdido las ganas de ver a tus amistades.
  • Sientes un desinterés absoluto por hacer cosas y salir a la calle
  • El nerviosismo y la ansiedad se reflejan en tu cuerpo con dolores y tensión muscular, afecciones gastrointestinales, tu mente no descansa, y tienes insomnio.
  • No le encuentras el sentido a seguir viviendo. Pasas los días en medio del aturdimiento, la confusión e indiferencia…
  • Sabes que ya no habrá tiempo para resolver aquellos asuntos por los que te reprochas y que ahora te hacen sentir culpable.
  • Te dan consejos y escuchas cosas como: «Tienes que ser fuerte, tienes que distraerte». Pero nunca te has sentido tan frágil.
  • Te cuestionas tu vida, tu fe, te planteas muchos: «Y si…».
  • Tener la certeza de que no volverás a ver nunca más a esa persona tan importante y que era un pilar en tu vida te ha roto en lo emocional, lo físico, lo mental, lo espiritual. Todos los ámbitos de tu vida están afectados.
  • ¿Y ahora, qué? ¿Cómo se sigue adelante?
¿Cómo sobrevivir a la pérdida y aprender a gestionar el apego, la culpa y el sufrimiento que se siente? ¿Cómo empezar a sanar?

El dolor que trae la muerte de un ser querido es inevitable y condiciona, en mayor o menor medida, la vida del que se queda. Ningún proceso de duelo por muerte es igual a otro.

  • Todos son procesos profundamente individuales, con signos particulares que necesitan muchas veces ser tratados por un especialista. Pues la familia, los amigos y allegados pueden tener muy buena voluntad y escucharnos y acompañarnos de la mejor manera que saben, pero pueden no sentirse cómodos y no consiguen prestar la ayuda adecuada en esa transición y cura del dolor.
  • Contar con la atención de un especialista en duelo permite empezar a aligerar el sufrimiento y la carga emocional que sobreviene por la culpa, la rabia, la tristeza… y ayuda a prevenir que el duelo se complique y se convierta en un duelo patológico y que pueda desembocar en trastornos de comportamiento, de ansiedad y/o depresión, entre otros.
  • La terapia de duelo, desde un acompañamiento basado en la comprensión y empatía, facilita regular las intensas emociones y la sensación de vacío que, a veces, pueden desbordar a la persona y permite avanzar en la elaboración de un recuerdo que no duela y que guardemos en el corazón.
¿Cuándo buscar el acompañamiento de un terapeuta del duelo?

Cuando el dolor no se resuelve, cuando no se alivia, cuando no hay nadie que te comprenda como necesitas, cuando la tristeza y el sinsentido se han enquistado en tu interior es momento de actuar y de buscar ayuda especializada.

«El dolor solo es soportable si sabemos que terminará, no si negamos que exista.»
Viktor E. Frankl

El vínculo entre terapeuta y el doliente

Acompañar al doliente desde la acogida y calidez humana.

Expresar emociones y sentimientos de dolor intenso relacionados con la experiencia de la muerte es algo que en nuestra sociedad no se hace abiertamente, por pudor y por miedo a la incomprensión, principalmente.

Sin embargo, hay una evidencia que no es posible negar: el recuerdo. Recordar es el modo de elaborar el duelo y las emociones van conectadas al recuerdo. Por eso es esencial dejarlas fluir, atenderlas, escucharlas.

Por todo ello, iniciar una terapia de duelo es esencial cuidar desde el minuto 1 el vínculo que se da entre terapeuta y cliente. Importa hacer que la persona se sienta acogida y comprendida, y para eso hay que darle esa «mano protectora» que busca y necesita para empezar a caminar por su duelo.

  • Ayudando, escuchando, ESTANDO.
  • Ofreciendo el tiempo y espacio necesarios para expresar la tristeza, la culpa, la rabia, y creando la confianza necesaria para construir el vínculo terapéutico que facilite sanar el duelo.
  • Desarrollando una relación abierta, sincera, de total aceptación y aprecio sin juicios ni valoraciones morales en la que el doliente se siente acompañado, escuchado y comprendido.
  • Construyendo una comunicación transparente, genuina y sencilla entre las dos partes
  • Todo ello con el objetivo de facilitar despedirse del ser querido y llorar la muerte y aceptarla. Permitirse el tiempo necesario para atender todo lo vivido, resolver asuntos pendientes y llorar a quien se fue es esencial para empezar a encontrar un futuro en el que honrar y recordar al fallecido sin dolor.
El duelo como proceso de crecimiento

El duelo es el proceso de elaboración que se hace a partir de la integración de la vivencia difícil y a veces traumática de la muerte de un ser querido y de otras pérdidas y que puede conducir a la persona afectada a vivir una transformación profunda.

Como proceso de crecimiento, el duelo se desarrolla y evoluciona en el tiempo como una experiencia de aprendizaje que conlleva cambios importantes en la propia identidad.

¿Qué son las tareas del duelo?
  • Las tareas corresponden a las necesidades psicológicas, biológicas, emocionales y relacionales específicas que la persona en duelo debe abordar y resolver. Hacerlo permite a la persona experimentar una transformación personal al final del duelo.
  • Las necesidades de duelo se corresponden con una sucesión de tareas u objetivos que hay que desarrollar y procesar a lo largo del tiempo.

 

Mi modelo de tareas y necesidades

Suelo describir mi modelo de tareas y necesidades como el resultado de la intersección de los tres modelos que considero mis referentes.

  • Mi visión parte de la base de que el duelo es un proceso activo, no es un estado. Mi marco de referencia, en este sentido, está en el Modelo Dual de Afrontamiento, que tiene muy presente la idea de que a lo largo del proceso de duelo se irán alternando dos escenarios con dos tipos de mecanismos para afrontarlo:
  1. El relacionado con la pérdida. Mecanismos: llanto, aislamiento, dolor, fatiga…
  2. El orientado a la reconstrucción o restauración. Mecanismo: respuesta de adaptación a la situación, ajustes en las áreas familiar, laboral, social…
  • En mi proceso de acompañamiento en el duelo, el doliente adquiere un papel activo y se hace responsable de sí mismo. Más allá del tiempo que cada proceso necesita y de su individualidad hay algo latente en todos, y es que para el doliente (sean cuales sean las particularidades de su proceso) el duelo ofrece un camino hacia la transformación personal y positiva.

Mi referente aquí es el Modelo de las 4 tareas de William Worden

  1. Aceptar la realidad de la pérdida..
  2. Elaborar/Experimentar el dolor del duelo.
  3. Adaptarse a un nuevo mundo sin el ser querido.
  4. Reubicar emocionalmente al ser querido fallecido, encontrar un vínculo perdurable con el ser querido y seguir viviendo.
  • Las emociones difíciles y los cambios que promueven guardan una estrecha conexión. Tengo muy presente la relación que existe entre el sufrimiento y crecimiento personal y los cambios positivos que experimentará el doliente en su proceso de duelo:
  1. Cambios en sí mismo: el doliente experimenta una sensación de mayor fortaleza personal y el valor de la vida adquiere mayor significado.
  2. Cambios en sus relaciones interpersonales y en su filosofía de vida: el doliente fortalece sus vínculos personales y experimenta cambios en cuestiones espirituales y de Fe.

Aquí mi tercer referente es el Modelo de Crecimiento Postraumático.

«La vivencia de aprendizaje o crecimiento no anula necesariamente el sufrimiento, sino que puede coexistir con él.»
Richard Tedeschi y Laurence Calhoyun

El duelo es una experiencia de fragmentación de la identidad, producida por la ruptura de un vínculo afectivo: una vivencia multidimensional que afecta no solo a nuestro cuerpo físico y a nuestras emociones, sino también a nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos, a nuestras cogniciones, creencias y presuposiciones y a nuestro mundo interno existencial o espiritual.

Alba Payàs
Las tareas del duelo (2010)

Contacta

INFORMACIÓN PROTECCIÓN DE DATOS: Responsable: Cristina Nevado. Finalidades: Responder a sus solicitudes. En ningún caso realizaremos envíos de carácter promocional o comercial. Legitimación: Consentimiento del interesado. Destinatarios: No están previstas cesiones de datos. Los datos facilitados se almacenan en nuestros servidores gestionados por AFX Solutions. Derechos: Puede retirar su consentimiento en cualquier momento, así como acceder, rectificar, suprimir sus datos y demás derechos en info@cristinanevado.com. Información Adicional: Puede ampliar la información en el enlace de Avisos Legales.

terapia duelo y pérdidas
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Información sobre política de cookies.